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El Síndorme de Peter Pan representa para muchos jóvenes el problema de crecer o hacerse mayor, el deseo de permanecer siempre libres de responsabilidades y cargas. 

Peter Pan es el conocido personaje de Disney al que todos conocen como el niño que nunca quería crecer, como buen adolescente es un joven, curioso y feliz personaje que perdió a su madre siendo un bebé pero que consiguió vivir en el mundo de nunca jamás, allí puede hacer realidad el sueño de seguir siendo por siempre niño.

Por otro lado es está el villano capitán Garfio, un hombre viejo, solo y acabado que no puede entender el mundo de Peter Pan. La idea de hacerse adulto da vértigo, ya que surgen miedos, el miedo de dejar de ser tan feliz como Peter Pan y/o el  de terminar amargado como el capitán Garfio.

La visión de Peter Pan desde luego es difícil de abandonar, a veces sentimos la nostagia de las vivencias y las sensaciones de libertad sin límite, sufrir la carga o el peso de ser adultos a veces conlleva sentirse anulado o prisionero por las responsabilidades. Sin embargo no siempre consiste en verlo blanco o negro, hay matices grises que no apreciamos  y los obviamos  por completo. ¿No dependerá del tipo de  responsabilidad y cómo las llevemos a cabo para obtener un beneficio lo suficientemente importante para sentir que estamos evolucionando y no hemos perdido las sensaciones de nuestra infancia?

Según la teoría del desarrollo moral de Lawrence Kohlberg, plantea que existen etapas diferenciadas del desarrollo que van asociadas a una edad cronológica según se consigan integrar ciertas destrezas y habilidades  existe mayor o menor seguridad a la hora de afrontar las exigencias y responsabilidades del entorno. Dependiendo de como se afronten esas exigencias el niño, el adolescente o incluso el adulto estará más centrado en sus propias necesidades (egoísta) y tendrá más o menos dificultades para controlar sus impulsos.

A medida que el niño/a crece comenzará a dar mayor importancia al colectivo, le empezará a importar la opinión externa, tanto es así que puede desvincularse por completo de sus propias necesidades. Surge a menudo en la adolescencia, por la necesidad que existe de sentirse querido por el círculo de iguales.

La última etapa que cumple con el final del desarrollo, cumpliría con un periodo madurativo completo como la posibilidad de trascender las normas, esta posibilidad es superior  a las necesidades propias o incluso del entorno inmediato, tienen como referencia principios morales propios, a pesar de no tener por qué coincidir con las normas establecidas, se apoyan tanto en valores colectivos como en libertades individuales, no en exclusivamente en el propio interés.

La curiosidad por aprender es una característica innata en el ser humano, nos permite adaptarnos a un entorno cambiante. Durante la niñez se adquieren rápidamente aprendizajes por ensayo y error, sin temor a saber cual será el resultado. En el momento en el que los recursos son insuficientes para abordar la tarea,  surgen los bloqueos y los comportamientos evitativos. “No soy capaz de hacerlo”.

La habilidad o la capacidad para afrontar la tarea  con  seguridad y el sentimiento competencia disminuye y comienzan  las dificultades de  tolerancia a la frustración. El deber de los padres es ofrecer la seguridad que necesitan los niños para sentirse competentes realizando tareas, facilitando y reforzando los resultados hasta cumplir los objetivos correspondientes.

Peter Pan perdió a su madre siendo un bebé, nadie le enseño a ser responsable, por lo que decidió seguir siendo un niño para siempre. Otras circunstancias familiares que pueden condicionar este síndrome es una sobreprotección y excesivo cuidado, lo que genere una baja tolerancia a lo frustración y la constante evitación de situaciones estresantes y/o  incentivar comportamientos que no pongan límite a los comportamientos impulsivos.

El síndrome de Peter Pan se caracteriza por  comportamientos como la exigencia externa por cubrir sus necesidades y caprichos, intolerancia a la crítica, dificultades para relacionarse con otras personas de la misma edad, irresponsabilidad o falta de compromiso consigo mismo o con los demás, más atento a sus propias necesidades (narcisista)  que a las los demás (falta de empatía), soledad o aislamiento, conflictos sexuales, machismo.

La mejor manera de llevar la intervención es que el jóven asuma sus limitaciones, afronte situaciones que le supongan cierto grado de estrés para poder tolerar la frustración y desempeñar funciones que le hagan sentirse competente y responsable. Lo más importante que hay que recordar  que :

“Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres” “Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida.” Pitagoras.