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Vivimos tiempos de transformación, al igual que cambiamos a un teléfono de última generación  o cambiamos los electrodomésticos porque empiezan a fallar, vivimos tiempos en los que también es necesario reciclar las ideas,  estas son las que realmente configuran nuestra identidad y el proceso de cómo maduramos.

Comparando una y otra necesidad, la gran mayoría diría que la más importante es la segunda, sin embargo, una idea es difícil de cambiar, sobre todo cuando se vive en sumergido en un entorno conservador de personas resignadas al cambio. De ahí que la propia libertad de expresión quede limitada a los mismos y repetitivos temas de conversación y que por lo tanto aunque la ley lo permita, la libertad de expresión no sea posibles.. Cualquiera que salga fuera de la norma será duramente reprimido, será considerado el raro, el listo, o el tonto. Aunque tengamos la opción de pensar por nosotros mismos,  el esfuerzo que ello supone es tal, que al final optamos por un teléfono de última generación.

Resulta que a veces no nos vemos como personas demasiado sociales, o que somos un poco despistados,  a veces sentimos que no somos demasiado constantes, o que quizá nos falta carácter. Esto es así, mejor aceptarlo cuanto antes, defectos vamos a tener, es absurdo perseguir objetivos poco realistas como la perfección.  Quizá esta idea preconcebida que nos viene es por el hecho de que nos enseñan a que la dirección para todos es la misma, que es mejor tener éxito, no hay cabida al  fracaso, sin embargo no hay más remedio que aceptar no hay fracaso no hay aprendizaje. Tu habilidad no es la que te dicen, sino la que tienes y es importante conocerse muy bien para saber elegir.

Hay lugares donde esto lo tienen muy claro, cuando les hablas de preocupación ¿qué es eso? déjate llevar, relajate y luego piensa. La solución más sencilla es la más probable (Navaja de Ockam), encontrarse en un estado de alerta constante es agotador y lo peor, es que mata la creatividad.   Cada lugar es diferente por la historia que ha condicionado una determinada perspectiva, debido a las condiciones  socioeconómicas y políticas que han imbuido a los territorios  ya sea por supervivencia o por el hecho de que hayan ocurrido sucesos catastróficos en el pasado, esto deja una huella en el presente  que no paran de manifestarse de manera continua en el tiempo, por ello hay lugares que se adaptan mejor a los cambios que otros. Los que no tienen pasado saben que tienen que seguir, aceptar la novedad,  mientras los que tienen una memoria aún presentan conflictos pasado sin resolver que pasan de generación en generación y estamos terriblemente manipulados por ello.

Para que se produzcan verdaderos cambios necesitamos de la calma, sin calma no hay verdadera atención y sin atención no hay concentración. Esta concentración es vital para vivir cada instante como debe de ser vivido.

Lo contrario de la calma es la tensión, vivimos contagiados por el retroceso que ello supone,  vivimos poniéndonos barreras los unos a otros  permitiendo que el  sufrimiento no deje de estar presente de manera constante deteriorando considerablemente las relaciones humanas y haciendo menguar las expectativas de futuro, la verdadera evolución humana y el cambio.

Un periodo de cambio, también exige un cambio de mentalidad, la rigidez y la tensión social no sirve.  La tradicción nos obliga a prestar importancia a lo que es natural. Hay que tener una opinión diferente, dar mayor importancia a la sensibilidad humana, pensar en los beneficios que supone la recompensa sobre todo en periodos tan tempranos del aprendizaje, la importancia de no poner etiquetas, la importancia de cambiar a hacia  una orientación más colaborativa en vez de competitiva.

Lo cierto es que puede que sea una visión más que optimista vista por muchos que viven la opresión de lo que les rodea, sin embargo, de todo de se cansa uno, incluso del drama que supone aguantar por los restos el pesimismo de la vida hasta el final de sus días.

Como decia Charles Chaplin “Mirada de cerca la vida parece un drama, pero vista desde lejos, parece una comedia”.

Porque este es el drama al que decidimos someternos, es la voz del propio ego que no para de regocijarse en la idea del sufrimiento.  En vez de tomarnos la vida como un simple suceder de acontecimientos necesarios que nos hacen madurar, sentir, explorarnos, vivimos estancados en el pasado, en lo felices que fuimos, en lo lamentable que es nuestra existencia, en que no merecemos ser queridos, en la culpa.

Pensamos que las personas de éxito no han sufrido, sin embargo seria sorprendente hacer una revisión  de las diferentes historias de esfuerzo y/o superación de muchos que sencillamente decidieron pensar o piensan diferente. Es curiosa la atención cuando no se le sabe poner un rumbo real hacia algo que realmente tiene sentido, el hábito existente de  justificar el estado de desconsuelo en el  que nos sumergimos, simplemente porque no somos capaces de renunciar a las relaciones que nos lastran, las parejas que nos humillan, el perfeccionismo que nos hace sentirnos aún más estúpidos,  la conservación de hábitos estrictos que pensamos que nos dan seguridad, el maltrato psicológico al que nos sume nuestro propio entorno. Aguantamos porque así pensamos que somos fuertes, pero somos  débiles porque no somos capaces de renunciar a la basura que no nos deja avanzar.

Aspectos a tener en cuenta para adaptarse al proceso de transformación:

  • Apertura mental hacia el progreso, acoger las nuevas tendencias. Arriesgarse a explorar aspectos que nos resultan desconocidos.
  • Flexibilidad mental, perder el miedo a equivocarse. Para ello, hay que equivocarse.
  • Dejar fluir la vida, quitar importancia a los hechos o distorsiones de la realidad que nos inculca la sociedad.
  • Generar nuevos objetivos que realmente pongan a prueba la  autoeficacia o que supongan superar barreras.
  • Alejarse de las personas tóxicas que nos hagan sentirnos inseguras.
  • Generar un espacio personal donde uno pueda expresarse con libertad.
  • Buscar ayuda cuando es necesario.

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